Una peonza con forma de bola y un palito que, si se hace girar deprisa, se da la vuelta sola y acaba girando sobre el palito.

Una peonza de madera azul con forma de bola a la que le falta un casquete por arriba, y en su lugar sale un palito, el vástago, para hacerla girar con los dedos. En reposo se apoya sobre la bola, con el vástago hacia arriba (Güémez, 2007).
Si se la hace girar deprisa, empieza a inclinarse, se tumba y, de pronto, se da la vuelta y se queda girando de pie sobre el vástago, más despacio. Es el tippe-top o peonza invertible (Güémez, 2007; Güémez, Fiolhais y Fiolhais, 2010).
En reposo, el centro de gravedad de la peonza está algo por debajo del centro de la bola: por eso descansa estable con el vástago arriba. Cuando gira sobre el vástago, ese centro de gravedad ha subido bastante (Güémez, 2007).

Subir el centro de gravedad cuesta energía, y la única que hay es la del giro. Por eso, una vez invertida, la peonza gira más despacio que al principio: parte de su energía cinética de rotación se ha convertido en energía potencial gravitatoria (Güémez, 2007; Güémez, Fiolhais y Fiolhais, 2010).
Si se la hace girar despacio, no tiene energía suficiente para darse la vuelta.
Que gire más despacio significa también que su momento angular ha disminuido. Eso solo puede hacerlo una fuerza de fuera, y la única posible es el rozamiento con la mesa (Güémez, 2007).
Cuando la peonza se inclina, la bola desliza un poco sobre la mesa. El rozamiento tiene entonces dos efectos: frena un poco el giro y, sobre todo, empuja la peonza a seguir inclinándose hasta darse la vuelta (Güémez, 2007).
Hay un detalle sorprendente. Vista desde arriba, la peonza gira en el mismo sentido al principio y al final. Pero, como se ha dado la vuelta, respecto a la propia peonza gira al revés: una flecha pintada en ella avanza al principio con la punta por delante y al final, con la cola (Güémez, 2007).
Si la bola tiene radio $R$, el centro de gravedad está a una distancia $h$ del centro de la bola y la punta del vástago sobresale $d$ de la bola, al darse la vuelta el centro de gravedad sube $d + 2h$. Con $I$ el momento de inercia respecto al eje de la peonza y $Q$ el calor del rozamiento (Güémez, 2007):
Como $\omega_\mathrm{f} < \omega_\mathrm{i}$, también $L_\mathrm{f} = I \omega_\mathrm{f} < L_\mathrm{i} = I \omega_\mathrm{i}$: el momento angular disminuye, y eso exige el momento de una fuerza externa, el del rozamiento (Güémez, 2007).
Sin pérdidas ($Q = 0$) y tratando la peonza como una esfera maciza ($I = \tfrac{2}{5} m R^2$), para darse la vuelta necesita al menos
que no depende de la masa. Con valores de ejemplo, $R = 1{,}5\ \mathrm{cm}$, $d = 0{,}63\ \mathrm{cm}$ y $h = 0{,}3\ \mathrm{cm}$:
Con rozamiento hace falta algo más. Caso límite: si $d + 2h \to 0$ no hay que subir nada, y la peonza se invertiría sin perder giro.
