Un pájaro de vidrio que se inclina una y otra vez a beber de un vaso de agua, movido por la evaporación en su cabeza.

Un pájaro de vidrio con dos bulbos unidos por un tubo: el de abajo es el cuerpo y el de arriba, la cabeza. En el cuerpo hay un líquido coloreado, aquí azul, muy volátil, y la cabeza está forrada de fieltro, con un pico también de fieltro y un sombrero de copa.
A media altura, el tubo se apoya en unas patas sobre las que puede cabecear. Dentro no hay aire: solo el líquido y su vapor (Güémez, 2011).
Se pone junto a un vaso de agua y se le moja la cabeza. Al poco empieza a inclinarse, mete el pico en el agua, se endereza y vuelve a empezar, una y otra vez, mientras haya agua en el vaso.
Si el aire no está saturado de humedad, el agua del fieltro se evapora. Para evaporarse necesita energía y la toma de la cabeza, que se enfría un poco respecto al aire de la habitación: alrededor de medio grado (Güémez, 2011).
El cuerpo, en cambio, sigue a la temperatura ambiente.
La presión de vapor del líquido interior crece muy deprisa con la temperatura, porque el líquido está cerca de hervir. Por eso, aunque la cabeza solo esté unas décimas de grado más fría, el vapor de la cabeza empuja menos que el del cuerpo.
El tubo llega casi al fondo del cuerpo. El vapor del cuerpo, con más presión, empuja el líquido hacia arriba por el tubo (Güémez, 2011).
Con el líquido abajo, el pájaro es un tentetieso: su centro de masas está por debajo del punto de apoyo y su equilibrio es estable. A medida que el líquido sube, el centro de masas sube también, hasta que pasa por encima del apoyo: el equilibrio se vuelve inestable y el pájaro cae hacia delante (Güémez, 2011).
Ya casi horizontal, el pico se moja y el extremo del tubo queda fuera del líquido del cuerpo. Las presiones de la cabeza y del cuerpo se igualan, el líquido vuelve al cuerpo y el pájaro se endereza.

El pájaro es una máquina térmica: convierte en movimiento una parte del calor que pasa del aire de la habitación, a través del cuerpo, a la cabeza que se enfría.
Lo que de verdad lo mueve es que el aire no esté saturado: el vapor de agua del aire tiene un potencial químico menor que el agua líquida del fieltro, y el agua pasa de uno a otro (Güémez, 2008; Güémez, Fiolhais y Fiolhais, 2010). Con aire seco funciona muy bien; con aire muy húmedo, mal o nada (Güémez, Valiente, Fiolhais y Fiolhais, 2003).
Para sostener una columna de líquido de altura $h$ entre el cuerpo y la cabeza hace falta la diferencia de presión
Con cloruro de metileno ($\rho = 1330\ \mathrm{kg/m^3}$) y la altura de un pájaro pequeño, $h = 7\ \mathrm{cm}$ (Güémez, 2008):
La presión de vapor $P$ de un líquido cambia con la temperatura según
con $L$ el calor de vaporización por mol y $R = 8{,}314\ \mathrm{J/(mol\,K)}$. Para el cloruro de metileno a $22\ \mathrm{^\circ C}$ ($T = 295{,}15\ \mathrm{K}$, $L = 28{,}8\ \mathrm{kJ/mol}$):
Basta enfriar la cabeza menos de medio grado, como se observa (Güémez, 2011). Caso límite: si el líquido fuera agua ($P = 2{,}6\ \mathrm{kPa}$, $L = 44\ \mathrm{kJ/mol}$), harían falta unos $4\ \mathrm{K}$ para la misma columna, y el pájaro no funcionaría.

Como toda máquina térmica, el pájaro no puede superar el rendimiento de Carnot entre su foco caliente, el cuerpo a $T$, y su foco frío, la cabeza a $T - \Delta T$:
Casi toda la energía que absorbe se va en evaporar agua; solo una parte diminuta se convierte en movimiento. Si el aire está saturado, $\Delta T \to 0$ y el rendimiento también: el pájaro se para.